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María Ripetta entrevistó a Laura Cukierman para BAE

En la nota publicada en el suplemento cultural del diario BAE Negocios del 22 de febrero de 2019, María Ripetta indagó en las posibles fuentes autobiográficas que inspiraron los cuentos de Las chicas malas no transpiran, primer libro de Laura Cukierman, recientemente editado por nuestro sello. Otros tópicos de la literatura fueron abordados en la interesante entrevista: el mundo interior de los personajes, los finales abiertos y los ritos ante la página en blanco.

Reproducimos un fragmento de la entrevista:

por María Ripetta

–En muchos de los cuentos se narra lo que la protagonista está pensando

–Cuando leo me interesa mucho leer y escuchar los procesos mentales de situaciones de crisis, imaginarme cuando alguien está a punto de estallar, qué piensa en esas situaciones. En los vínculos hay todo un universo en la cabeza, sobre todo en las mujeres, que es muy complejo, que no es tan lineal como se supone. Uno no piensa desarrollando un concepto, uno piensa desordenado. Soy una paciente de terapia de mucho tiempo, y a la hora de narrar el pensamiento el psicoanálisis me ayudó mucho.

–¿Por qué la mayoría de los finales son abiertos?

–Cuando leo no me gusta quedar con una actitud pasiva. Pienso que al lector le gusta participar, no al punto de que tenga que partirse la cabeza para pensar que final puede ser, pero sí que frente distintas posibilidades termine de cerrar la historia quien la lee. También me parece que en la mayoría de los casos son vínculos y no es tan sencillo un solo final que cierre.

–¿La relación madre e hija es algo que elegís desarrollar?

–Un gran punto es el tema de relación de la madre y de la hija, me parece “el” tema de la humanidad casi. Para mí, en las mujeres, la relación con la madre nos define, incluso la pareja que uno elige.

–¿De dónde sacás las historias?

–Una claramente tiene que ver con mi mamá, está dedicada a ella. El resto tiene algunas cosas autobiográficas, algunas tienen que ver con diálogos. A mí me gusta escuchar mucho básicamente porque soy muy chusma. En un bar me gusta mucho escuchar lo que dicen en la mesa de al lado, siempre me parece más interesante de lo que pasa en la mía, es un espanto para ir a tomar un café conmigo. Son frases o imágenes que se me cruzan.

–El título es uno de los cuentos pero terminó siendo el que los reúne a todos –Resume el espíritu del libro. Iba atener otro título, pero después me pareció que el del cuento ese resumía eso de las chicas malas, aunque no lo son pero si sintetiza el espíritu del libro: historias protagonizadas por mujeres, la mayoría son frágiles, contradictorias, están en un momento límite de su vida, que algo les pasa que las obliga a tomar decisiones, que a veces las toman y otras no. Son mujeres que están en el límite, me interesa saber qué les pasa justo ahí. Tiene también una cosa de contemporaneidad, no son heroínas, ni son villanas, ni están pasando el peor momento de su vida. La mujer mayor que se encuentra luchando contra avance de una enfermedad, la nena más chiquita que se encuentra en una casa de casi locos, la mujer que se prepara a dejar su marido, son momentos como si uno se detuviera con una cámara y registrara justo ese tiempo.

La entrevista completa aquí: https://www.baenegocios.com/suplementos/Me-interesa-saber-que-le-pasa-a-una-mujer-cuando-esta-al-limite-20190221-0035.html

 

 

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Daniel Gigena recomienda LAS CHICAS MALAS NO TRANSPIRAN

En su nota de la sección Arte y Cultura del diario La Nación, Daniel Gigena invita a leer los cuentos de Laura Cukierman, recientemente publicados por nuestro sello.

Fragmento de la nota:

El debut literario de Laura Cukierman se sintoniza con una época de cambios en los modos de amar. En los cuentos de Las chicas malas no transpiran (Hormigas Negras), el amor se hace presente en encuentros (y despedidas) fugaces, búsquedas continuas y situaciones que evidencian el ascenso acelerado de los reclamos feministas. Por medio de diferentes voces, nunca desprovistas de humor ácido o desencantado, las protagonistas de los relatos dejan entrever los límites de los estereotipos sociales.

 La nota completa: https://www.lanacion.com.ar/2219079-ficciones-ensayos-amor-desamor-regalar-san-valentin

 

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Gustavo Álvarez Núñez escribió está exquisita reseña en su sección de La Agenda Revista

Mi abuelo caníbal, Federico Lisica (Hormigas Negras)

¿Cómo la puesta en escena de una historia terrorífica puede dar pie a otra de una ternura escalofriante? Lo que podría haber sido el abordaje de condiciones de vida siniestras –ante la miseria y hambruna reinantes, un soldado ucraniano escapa de los nazis y con dos compañeros desertores comienzan a cometer todo tipo de crímenes, el más urticante: comer carne humana–, se va tornando en Mi abuelo caníbal en un rodeo por las alternativas vividas por una familia argentina a lo largo de tres generaciones. Desde los días del sitio de Leningrado en plena Segunda Guerra Mundial –la estadística dice que murieron 600 mil personas y que 1.400 fueron arrestadas acusadas de canibalismo y más de 300 ejecutadas–, pasando por los entretelones existenciales de un hombre inmigrante cuyos hijos crecerán desde pequeños sin su madre, hasta ya en los años 90, las aventuras de un nieto deslumbrado por todos los enigmas que depara un abuelo sin tres dedos…

Mi abuelo caníbalMi abuelo caníbal dispara a partir del momento cero de su lectura cuánto hay de Federico Lisica (Buenos Aires, 1978), periodista y docente secundario, en las diversas correrías que emergen a lo largo de su segunda novela. Si en ruso su apellido significa “zorro” y en la tapa del texto un soldado porta uno sobre su hombro, ¿cuánto hay de mutación en las historias de tantos inmigrantes y refugiados que debieron mutar de piel, mutar de nombre, para tener una nueva vida, una nueva piel, un nuevo nombre, cuando llegaron a Argentina? ¿Y qué lenguaje sino el del destierro los hizo soportar sobres sus espaldas una nostalgia y un secreto inauditas? ¿Y cuánto de lo inverosímil mutará en verosímil a los oídos de los sobrevivientes?

Sin embargo, Lisica no precisa créditos biográficos para garantizar una habilidad por haber hecho de cosas que escuchó –¿recordar no entraña muchas veces inferir que se escuchó algo que no se corresponde con eso oído?– un tejido de historias cautivantes y fraternales. En ciertos aspectos, una novela como Mi abuelo caníbal comparte con el universo de Santiago Craig (Buenos Aires, 1978) y sus relatos de Las tormentas –que lo llevó a ser uno de los finalistas de la quinta edición del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez– no sólo una atmósfera que amplía las fronteras del costumbrismo –fantástico en Craig, terror en Lisica–, sino también la potencialidad de una voz que puede transmitir calidez pese al escenario adverso en que se mueve.


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Sí, fui yo

https://www.pagina12.com.ar/138384-el-punto-de-partida-es-el-silencio

Sobre la editorial

https://www.diarioregistrado.com/cultura/-hormigas-negras—-editorial-libretto–y–alquimia–por-primera-vez-en-la-v-feria-de-editores_a57a395d54717bf89217c1566

https://www.lanacion.com.ar/2131639-stand-colectivo-de-sellos-de-la-ciudad

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Viaje de disfraces

SEBASTIÁN MASQUELET
Colección Puro Barullo (2016)
Editorial Hormigas Negras

Viaje de disfraces

“Antípodas. Siempre quise estar en las antípodas. No me refiero a una idea política, a una mirada filosófica. Me refiero a inclinar la cabeza, medir con cierta imprecisión, clavar el dedo índice a ciegas y girar despacio el globo terráqueo para ver el lugar exactamente opuesto a donde uno está. Cuatro pasos necesarios para un juego tan frustrante como una batalla naval sin barcos.”

Esteban, el protagonista de esta historia, viaja más interesado en el paisaje humano que en el geográfico. Colgando trajes en Montreal, recolectando manzanas en Nueva Zelanda, esquilando ovejas en Granada o escribiendo poemas en un bar de Lisboa, se pone en la piel o en los zapatos de otros hombres.

Por momentos parece estar tan congelado que no siente compasión ni por las ovejas que clasifica para ser marcadas ni por la adolescente que se prostituye para pagar una hipoteca. Pero sí es capaz de someterse a la rutina de los otros, de los que tienen vidas ásperas y con muy pocas posibilidades o ninguna de elegir, y él, Esteban, un chico porteño que podría estar yendo al cine y a la salida a comer pizza con su novia, está recolectando manzanas y de pronto, cuando comienza a llover, descubre el ardor del agua en sus brazos lastimados por las ramas de los manzanos, y en la nieve de Canadá experimenta el fracaso y la inutilidad de su sistema para mantener los pies secos: bolsita en cada pie, luego la media, luego otra bolsita, y por fin la zapatilla.

Esteban cambia de ciudades, de países, de trabajos y en su recorrido, se encuentra con mujeres y hombres que emigraron, por motivos no siempre cristalinos, personas que construyeron una vida nueva y una rutina en algún punto del globo terráqueo, un punto que alguna vez pudo haber sido elegido así, girando el globo, por azar o tal vez por fantasía, por un sueño o por un conocido que emigró primero y décadas después, están tan vencidos, resignados o vacíos como pueden estarlo quienes aceptaron lo que el porvenir les ofrecía sin más. Esteban viaja y busca, toma micros, aviones, deja atrás personas con las que por unos días compartió mucho, que fueron casi familiares, amantes, amigos, compañeros de trabajo, de rutina, con quienes fichó, a quienes vio esperar la hora del descanso con ansia, con agotamiento, los deja atrás y sigue su viaje porque necesita respuestas o al menos una respuesta que tal vez esté en las antípodas, en algún lugar recóndito del globo, en donde pueda ponerse, como quién se pone una camisa nueva, una utopía.

 

 

https://radiocut.fm/audiocut/entrevista-a-sebastian-masquelet/